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Examen resuelto de la asignatura Historia de la Filosofía PAU Andalucía 2026: convocatoria extraordinaria

Examen resuelto de Historia de la Filosofía de la PAU Andalucía 2026, convocatoria extraordinaria, con transcripción íntegra y soluciones desarrolladas sobre Platón, Hannah Arendt y la disertación filosófica.

Examen resuelto de la asignatura Historia de la Filosofía PAU Andalucía 2026 convocatoria extraordinaria

Este post recoge el examen resuelto de Historia de la Filosofía de la PAU Andalucía 2026, convocatoria extraordinaria del 30 de junio de 2026, con transcripción íntegra del enunciado y una propuesta de solución completa. El examen original consta de dos páginas.

Transcripción íntegra del examen

PRUEBA DE ACCESO A LA UNIVERSIDAD Y PRUEBA DE ADMISIÓN
ANDALUCÍA, CEUTA, MELILLA Y CENTROS en MARRUECOS
CURSO 2025-2026
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

Instrucciones

a) Duración: 1 hora y 30 minutos.
b) Todas las cuestiones deben responderse en el papel entregado para la realización del examen y nunca en los folios que contienen los enunciados.
c) La parte I consiste en una única cuestión de disertación.
d) En la parte II, elija uno de los dos textos propuestos y responda sobre él a las tres cuestiones que se plantean. Identifique claramente al comienzo el texto (autoría) escogido.
e) La calificación máxima de cada una de las cuestiones es la siguiente: Parte I, disertación: 2,5 puntos; Parte II, primera cuestión: 2,5 puntos; segunda cuestión: 2,5 puntos; y tercera cuestión: 2,5 puntos.

Parte I

Realice una disertación de carácter filosófico que dé respuesta a la siguiente cuestión:

¿Puede un individuo alcanzar la verdad y decidir cómo actuar correctamente por sí solo, o necesita de los demás?

Extensión: hasta 400 palabras.

Parte II

Texto 1

—Ahora examina si no hay que dividir también la sección de lo inteligible.
—¿De qué modo?
—De este. Por un lado, en la primera parte de ella, el alma, sirviéndose de las cosas antes imitadas como si fueran imágenes, se ve forzada a indagar a partir de supuestos, marchando no hasta un principio sino hacia una conclusión. Por otro lado, en la segunda parte avanza hasta un principio no supuesto, partiendo de un supuesto y sin recurrir a imágenes —a diferencia del otro caso—, efectuando el camino con ideas mismas y por medio de ideas.
—No he aprehendido suficientemente esto que dices.
—Pues veamos nuevamente; será más fácil que entiendas si te digo esto antes. Creo que sabes que los que se ocupan de geometría y de cálculo suponen lo impar y lo par, las figuras y tres clases de ángulos y cosas afines, según lo que investigan en cada caso. Como si las conocieran, las adoptan como supuestos, y de ahí en adelante no estiman que deban dar cuenta de ellas ni a sí mismos ni a otros, como si fueran evidentes a cualquiera; antes bien, partiendo de ellas atraviesan el resto de modo consecuente, para concluir en aquello que proponían al examen.
—Sí, esto lo sé.

Platón, República, Libro VI, 510b-510d

Cuestión 1ª: Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.

Cuestión 2ª: Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o autora correspondiente.

Cuestión 3ª: Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.

Texto 2

La política, se dice, es una necesidad ineludible para la vida humana, tanto individual como social. Puesto que el hombre no es autárquico, sino que depende en su existencia de otros, el cuidado de esta debe concernir a todos, sin lo cual la convivencia sería imposible. La misión y el fin de la política es asegurar la vida en el sentido más amplio. Es ella quien hace posible al individuo perseguir en paz y tranquilidad sus fines no importunándole —es completamente indiferente en qué esfera de la vida se sitúen dichos fines: puede tratarse, en el sentido antiguo, de posibilitar que unos pocos se ocupen de la filosofía o, en el sentido moderno, de asegurar a muchos el sustento y un mínimo de felicidad—. Dado que, como Madison observó una vez, en esta convivencia se trata de hombres y no de ángeles, el cuidado de la existencia solo puede tener lugar mediante un estado que posea el monopolio de la violencia y evite la guerra de todos contra todos.

Arendt, “Introducción a la política”, en La promesa de la política.

Cuestión 1ª: Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.

Cuestión 2ª: Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o autora correspondiente.

Cuestión 3ª: Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.

Solución del examen

Parte I. Disertación filosófica

¿Puede un individuo alcanzar la verdad y decidir cómo actuar correctamente por sí solo, o necesita de los demás?

La pregunta plantea dos problemas relacionados: el conocimiento de la verdad y la decisión moral. En ambos casos, el individuo necesita autonomía, pero esa autonomía no significa aislamiento. Pensar por uno mismo no equivale a pensar solo.

En primer lugar, la búsqueda de la verdad exige una actividad personal. Nadie puede comprender en lugar de otro. Sócrates ya defendía que el conocimiento requiere examen propio: una vida sin examen no merece ser vivida. También Descartes, en la filosofía moderna, subrayó la necesidad de someter las creencias a duda y no aceptar como verdadero aquello que no se presente con claridad. Desde esta perspectiva, el individuo debe ejercer su razón de forma autónoma.

Sin embargo, esa autonomía tiene límites. Nuestro lenguaje, nuestras ideas y nuestros criterios de verdad se forman en una comunidad. Aprendemos a razonar dialogando, contrastando argumentos y corrigiendo errores. Platón muestra en sus diálogos que el conocimiento avanza mediante preguntas, objeciones y discusión racional. Incluso la ciencia moderna no es una actividad solitaria: depende de métodos compartidos, revisión crítica y debate público.

Algo parecido ocurre con la acción moral. Una persona debe decidir responsablemente cómo actuar, pero no puede ignorar a los demás, porque sus actos tienen consecuencias sociales. Kant defendía la autonomía moral, pero su imperativo categórico obliga a preguntarse si la máxima de la acción podría valer como ley universal. Es decir, la moral exige ponerse en el lugar de cualquier ser racional, no actuar según el capricho individual.

Además, autores como Aristóteles sostienen que la vida buena solo puede desarrollarse en la polis, porque el ser humano es social por naturaleza. La justicia, la amistad, la educación moral y la deliberación política requieren convivencia.

Por tanto, el individuo puede y debe pensar y decidir por sí mismo, pero no puede alcanzar plenamente la verdad ni actuar correctamente prescindiendo de los demás. La razón necesita diálogo; la moral necesita reconocimiento del otro; y la libertad necesita comunidad. La posición más razonable es defender una autonomía crítica: pensar por cuenta propia, pero aceptando la corrección, la cooperación y la responsabilidad común.

Parte II. Texto 1: Platón, República

Cuestión 1ª. Ideas y problema filosófico fundamentales del texto

El texto pertenece al libro VI de la República de Platón y forma parte de la explicación de la línea dividida. El problema filosófico fundamental es la distinción entre distintos grados de conocimiento y, especialmente, la diferencia entre el pensamiento matemático y el conocimiento dialéctico de las Ideas.

La idea principal del fragmento es que la sección de lo inteligible debe dividirse en dos niveles. En el primero, el alma razona a partir de supuestos y utiliza imágenes o figuras sensibles, como ocurre en la geometría y el cálculo. Los matemáticos parten de conceptos como lo par, lo impar, las figuras o los ángulos, pero no justifican esos principios últimos. Los aceptan como evidentes y, desde ellos, deducen conclusiones.

En el segundo nivel, superior, el alma no se limita a partir de supuestos, sino que asciende hasta un principio no supuesto. Este conocimiento se realiza “con ideas mismas y por medio de ideas”, sin recurrir a imágenes sensibles. Platón se refiere aquí a la dialéctica, el grado más alto de conocimiento racional.

El texto contrapone, por tanto, dos formas de conocimiento intelectual:

  1. El conocimiento matemático o dianoia, que razona correctamente, pero depende de hipótesis no examinadas.
  2. El conocimiento dialéctico o noesis, que busca el fundamento último y culmina en la Idea de Bien.

El problema de fondo es epistemológico y metafísico: cómo puede el ser humano alcanzar un conocimiento verdadero y cuál es el objeto de ese conocimiento. Para Platón, la verdad plena no se encuentra en el mundo sensible, cambiante e imperfecto, sino en el mundo inteligible de las Ideas. El conocimiento más alto no consiste en manejar imágenes ni en deducir desde hipótesis, sino en comprender los principios últimos de la realidad.

Cuestión 2ª. Relación con la filosofía de Platón

El fragmento se relaciona directamente con la teoría del conocimiento y la teoría de las Ideas de Platón. Para este autor, la realidad está dividida en dos ámbitos: el mundo sensible y el mundo inteligible.

El mundo sensible es el ámbito de las cosas materiales, cambiantes y perceptibles por los sentidos. Sobre él solo puede haber opinión, no ciencia estricta. El mundo inteligible, en cambio, está formado por las Ideas, realidades eternas, universales e inmutables. Solo este ámbito puede ser objeto de verdadero conocimiento.

La línea dividida expresa esta jerarquía. Platón distingue cuatro grados:

  1. Eikasía o imaginación: conocimiento de sombras, reflejos e imágenes.
  2. Pístis o creencia: conocimiento de los objetos sensibles.
  3. Dianoia o pensamiento discursivo: conocimiento matemático, basado en hipótesis.
  4. Noesis o inteligencia dialéctica: conocimiento directo de las Ideas y del principio supremo, la Idea de Bien.

El texto se centra en los dos últimos grados, pertenecientes al ámbito inteligible. Las matemáticas son superiores al conocimiento sensible porque tratan con objetos abstractos y razonan deductivamente. Sin embargo, siguen siendo inferiores a la dialéctica porque dependen de supuestos que no justifican. La dialéctica, en cambio, examina esos supuestos y asciende hasta el principio no hipotético.

Este planteamiento también se conecta con el mito de la caverna. El prisionero liberado abandona las sombras del mundo sensible y asciende progresivamente hacia la luz, símbolo del conocimiento verdadero. La Idea de Bien es el equivalente filosófico del sol: permite conocer las demás Ideas y da fundamento a la realidad.

Además, la teoría política de Platón depende de esta teoría del conocimiento. En la República, solo los filósofos deben gobernar, porque son quienes han alcanzado el conocimiento de las Ideas y, sobre todo, de la Idea de Bien. Gobernar justamente exige saber qué es la justicia, no limitarse a opiniones o intereses particulares.

Por tanto, el texto resume una tesis central de Platón: la filosofía es un ascenso racional desde lo sensible y opinable hasta lo inteligible y verdadero.

Cuestión 3ª. Comparación con otra corriente filosófica: empirismo moderno y Hume

El problema del conocimiento verdadero puede compararse con el empirismo moderno, especialmente con David Hume. Mientras Platón defiende que el conocimiento superior procede de la razón y tiene como objeto las Ideas, Hume sostiene que todo conocimiento humano deriva de la experiencia.

Para Platón, los sentidos no proporcionan verdad plena porque captan realidades cambiantes. El conocimiento auténtico debe dirigirse a realidades universales e inmutables: las Ideas. La razón, mediante la dialéctica, permite superar el mundo sensible y alcanzar principios últimos.

Hume, en cambio, rechaza la existencia de ideas innatas o realidades inteligibles separadas. Según él, todos los contenidos de la mente proceden de impresiones sensibles. Las ideas son copias debilitadas de esas impresiones. Por eso, cuando una idea no puede vincularse a una impresión, debe considerarse sospechosa o carente de significado claro.

La diferencia es radical. Platón desconfía de los sentidos y concede primacía a la razón. Hume desconfía de las pretensiones metafísicas de la razón y concede prioridad a la experiencia. Para Platón, la ciencia verdadera busca lo necesario y universal; para Hume, nuestro conocimiento de los hechos se basa en la costumbre, no en una necesidad racional demostrable.

Esta oposición se aprecia especialmente en la causalidad. Platón tendería a buscar el fundamento racional de lo real. Hume, en cambio, afirma que no percibimos una conexión necesaria entre causa y efecto, sino solo una sucesión habitual de fenómenos.

En conclusión, Platón representa una concepción racionalista y metafísica del conocimiento, orientada hacia realidades inteligibles. Hume representa una concepción empirista y crítica, que limita el conocimiento a la experiencia y cuestiona las construcciones metafísicas. Ambos coinciden en preocuparse por los fundamentos del conocimiento, pero discrepan en su origen, alcance y objeto.

Parte II. Texto 2: Hannah Arendt, La promesa de la política

Cuestión 1ª. Ideas y problema filosófico fundamentales del texto

El texto de Hannah Arendt plantea el problema del sentido de la política y su relación con la vida humana en común. La idea central es que la política aparece como una necesidad inevitable porque el ser humano no es autosuficiente: depende de otros para vivir y convivir.

El fragmento sostiene que la política tiene como misión asegurar la vida “en el sentido más amplio”. Esto significa que la política no se reduce a administrar instituciones, sino que crea las condiciones de convivencia que permiten a los individuos desarrollar sus fines. Esos fines pueden ser distintos: en la Antigüedad, permitir que unos pocos se dedicaran a la filosofía; en la Modernidad, garantizar a muchos el sustento y cierto bienestar.

Otra idea importante es que la convivencia humana requiere organización porque los seres humanos no son “ángeles”. Arendt cita a Madison para recordar que la política parte de una condición realista: los hombres tienen intereses, conflictos y limitaciones. Por eso, el texto afirma que el cuidado de la existencia exige un Estado con monopolio de la violencia capaz de evitar la “guerra de todos contra todos”.

El problema filosófico de fondo es la justificación de la política: ¿por qué necesitamos instituciones políticas? ¿La política sirve solo para evitar la violencia y asegurar la supervivencia o tiene un sentido más alto relacionado con la libertad y la acción común?

En el texto aparece una tensión importante. Por un lado, la política se presenta como protección de la vida y garantía de seguridad. Por otro, en el conjunto del pensamiento de Arendt, la política no se agota en esa función instrumental. Su sentido más profundo está ligado a la acción, la palabra, la pluralidad y la libertad en el espacio público.

Por tanto, el fragmento permite reflexionar sobre la política como condición de posibilidad de la convivencia, pero también abre la pregunta por si la política debe limitarse a garantizar la seguridad o si debe permitir una vida pública verdaderamente libre.

Cuestión 2ª. Relación con la filosofía de Hannah Arendt

El texto se relaciona con varios conceptos centrales de Hannah Arendt: pluralidad, acción, espacio público, libertad y crítica de la reducción de la política a mera administración de la vida.

Arendt parte de que la condición humana es plural. No existe “el hombre” aislado, sino seres humanos diversos que comparten un mundo común. Por eso, la política surge allí donde las personas actúan y hablan entre sí. La pluralidad no es un obstáculo accidental, sino la condición misma de la vida política.

En su obra La condición humana, Arendt distingue tres actividades fundamentales: labor, trabajo y acción. La labor se vincula a las necesidades biológicas; el trabajo, a la producción de objetos duraderos; la acción, a la iniciativa libre entre iguales. La política pertenece propiamente al ámbito de la acción, porque en ella los seres humanos aparecen ante otros, deliberan y comienzan procesos nuevos.

El texto subraya que la política garantiza la convivencia y evita la violencia generalizada. Esta idea conecta con la tradición moderna del Estado, especialmente con Hobbes, pero Arendt no reduce la política al monopolio de la violencia. Para ella, cuando la política se limita a administrar la supervivencia o a garantizar seguridad, pierde su dimensión más valiosa: la libertad pública.

Arendt también distingue poder y violencia. El poder surge cuando las personas actúan juntas y reconocen un espacio común. La violencia, en cambio, es instrumental y aparece cuando el poder se debilita. Por eso, aunque el Estado pueda tener funciones coercitivas, la política auténtica no se identifica con la violencia.

Además, Arendt critica los totalitarismos del siglo XX porque destruyen la pluralidad y eliminan el espacio público. El totalitarismo pretende dominar completamente la vida humana, suprimiendo la libertad y la espontaneidad.

En conclusión, el texto se inserta en la reflexión arendtiana sobre la necesidad de la política, pero debe entenderse desde su filosofía general: la política no es solo orden y seguridad, sino el ámbito donde los seres humanos, en plural, pueden actuar libremente y construir un mundo común.

Cuestión 3ª. Comparación con otra corriente filosófica: contractualismo moderno y Hobbes

El problema de la necesidad de la política puede compararse con el contractualismo moderno, especialmente con Thomas Hobbes. La relación es directa porque el texto de Arendt menciona la necesidad de evitar la “guerra de todos contra todos”, expresión vinculada a Hobbes.

Hobbes parte de una visión pesimista de la naturaleza humana. En el estado de naturaleza, los individuos son libres e iguales, pero esa igualdad genera inseguridad, competencia y miedo. Como no existe una autoridad común, cada uno tiene derecho a todo y puede usar la fuerza para conservarse. El resultado es la guerra de todos contra todos.

Para superar esa situación, los individuos pactan y transfieren su poder a un soberano, el Leviatán, que concentra la autoridad y garantiza la paz. La política queda justificada por su capacidad para asegurar la vida y evitar la violencia. La libertad se entiende principalmente como ausencia de impedimentos, pero queda subordinada a la seguridad.

Arendt comparte con Hobbes la idea de que la convivencia necesita instituciones y que la política responde a la vulnerabilidad humana. Sin embargo, se distancia de él en un punto decisivo. Para Hobbes, la política nace del miedo y su función principal es garantizar la supervivencia. Para Arendt, esa dimensión es insuficiente: la política auténtica no se reduce a protección, sino que tiene que ver con la acción libre, la deliberación pública y la pluralidad.

En Hobbes, el poder se concentra en el soberano. En Arendt, el poder surge entre las personas cuando actúan juntas. En Hobbes, la prioridad es evitar la guerra. En Arendt, además de evitar la violencia, la política debe abrir un espacio donde los ciudadanos puedan aparecer, hablar y actuar.

Por tanto, ambos autores justifican la necesidad de la política, pero desde perspectivas distintas. Hobbes representa una concepción moderna centrada en seguridad, soberanía y obediencia. Arendt defiende una concepción más republicana y participativa, en la que la política solo alcanza su sentido pleno cuando permite libertad pública y acción común.

Nota: Estas soluciones han sido resueltas con ayuda de la Inteligencia Artificial.

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