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Fecha: 17 mayo, 2026

IA que contrata, pero discrimina: el riesgo de automatizar sesgos en el empleo

La IA ya interviene en la contratación y puede reproducir sesgos de género.

IA que contrata

La inteligencia artificial ya no solo filtra currículums: también puede reproducir sesgos de género, especialmente cuando decide sobre acceso al empleo sin controles suficientes. En España y en la UE, el debate ya no es solo ético o tecnológico, sino también jurídico, porque el RGPD, el Estatuto de los Trabajadores y la futura aplicación plena del AI Act elevan el listón de transparencia y supervisión. Aquí el foco no está en el empleo agregado, sino en cómo la IA interviene en la selección de personal y puede discriminar al contratar.

Un problema que ya está en la contratación

El uso de IA en procesos de selección se ha extendido con rapidez, y varias fuentes sitúan en torno al 65% la proporción de empresas que ya la utilizan en el proceso de contratación. El problema aparece cuando estos sistemas aprenden de datos históricos sesgados y terminan priorizando perfiles masculinos en sectores muy segregados, reforzando patrones previos en lugar de corregirlos.

En la práctica, esto puede traducirse en cribas automáticas de currículums, rankings de candidatos o filtros de vídeoentrevista que penalizan trayectorias, vacíos laborales o rasgos asociados estadísticamente a las mujeres. La investigación y la divulgación especializada coinciden en que la opacidad del algoritmo y la falta de supervisión humana dificultan detectar y probar el sesgo.

Este debate encaja con dos ideas que están ganando peso en Europa: que la OCDE avisa de que el reto real está en las competencias para trabajar con IA y que la proyección europea que prevé más empleo por la IA, pero con una brecha clara entre ganadores y perdedores.

Casos tipo de sesgo algorítmico

Un caso tipo habitual es el del software de selección entrenado con historiales de contratación previos en sectores masculinizados, como ingeniería o puestos directivos, donde el algoritmo aprende que “éxito” equivale a “perfil masculino” y replica ese patrón en nuevas candidaturas. Otro escenario frecuente es el de los sistemas de scoring que asignan puntuaciones opacas a los currículums y dejan fuera a personas candidatas sin una explicación comprensible.

También preocupa la llamada “discriminación por diseño”, cuando la empresa compra una herramienta aparentemente neutral sin auditar si sus parámetros, datos de entrenamiento o variables de decisión generan impactos desiguales por sexo. La literatura jurídica y laboral reciente insiste en que la responsabilidad no desaparece por externalizar el software: la empresa usuaria también debe verificar su funcionamiento.

Qué dice el RGPD

El artículo 22 del RGPD reconoce el derecho a no ser objeto de una decisión basada únicamente en tratamiento automatizado, incluida la elaboración de perfiles, cuando produzca efectos jurídicos o afecte significativamente de forma similar. En esos casos, la norma exige garantías como intervención humana, posibilidad de expresar el propio punto de vista y derecho a impugnar la decisión.

En el empleo, esto resulta especialmente sensible porque la fase de selección afecta directamente al acceso al trabajo, y la información suele estar más desequilibrada a favor de la empresa que de la persona candidata. Además, el uso de datos especialmente sensibles para corregir sesgos solo puede hacerse dentro de los límites previstos por la normativa de protección de datos.

Estatuto y empleo en España

En España, el artículo 64.4.d del Estatuto de los Trabajadores obliga a informar a la representación legal de la plantilla sobre los parámetros, reglas e instrucciones en los que se basan los algoritmos o sistemas de IA que inciden en condiciones de trabajo, acceso y mantenimiento del empleo. Esa obligación nació con la reforma conocida como “Ley Rider” y hoy es una pieza clave de la transparencia algorítmica laboral.

Este derecho de información no convierte el algoritmo en ilegal por sí mismo, pero sí impone trazabilidad y control sindical o representativo sobre cómo se toman las decisiones automatizadas. En paralelo, la Ley Orgánica 3/2007 de igualdad efectiva entre mujeres y hombres sigue siendo la base general contra la discriminación por razón de sexo en el acceso al empleo y en las condiciones laborales.

Qué añade el AI Act

La Ley de IA de la UE clasifica como sistemas de alto riesgo los usados en contratación, selección y evaluación de candidatos, lo que activa obligaciones reforzadas de documentación técnica, gestión de riesgos, supervisión humana y seguimiento del sesgo. Según la información institucional europea, las normas de transparencia de la ley entrarán en vigor en agosto de 2026, mientras que los sistemas de alto riesgo para selección de personal quedan sometidos a un régimen estricto.

En la práctica, esto significa que los sistemas ATS y herramientas de IA para RRHH no podrán funcionar como “cajas negras” sin control. El nuevo marco europeo empuja a las empresas a auditar datos, revisar modelos y demostrar que las decisiones automatizadas no producen efectos discriminatorios injustificados.

Por qué importa ahora

La noticia no es solo que la IA pueda discriminar, sino que ya se utiliza en ámbitos que deciden quién entra y quién queda fuera del mercado laboral. El puente entre empleo privado y empleo público es claro: el problema afecta tanto a empresas que contratan como a administraciones y servicios de empleo que usan sistemas automáticos para preselección o recomendación.

El nuevo marco europeo y español obliga a pasar de la confianza ciega en la automatización a la prueba documental de que el sistema no vulnera derechos. En otras palabras, la pregunta ya no es si la IA puede contratar, sino si puede hacerlo sin reproducir desigualdades históricas

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