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24 junio, 2026
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La Comisión Europea prevé más empleo por la IA, pero advierte de una fractura entre ganadores y perdedores

Un informe de la Comisión Europea prevé más empleo por la IA hasta 2040, pero alerta de riesgos para jóvenes, baja cualificación y regiones rezagadas.

La Comisión Europea prevé más empleo por la IA

La IA no destruiría empleo en Europa, pero tampoco repartirá sus beneficios por igual

La Comisión Europea acaba de poner números a una idea que cada vez aparece con más fuerza en los informes sobre inteligencia artificial y mercado laboral: la IA puede aumentar el empleo total en Europa, pero no todos los trabajadores, países y regiones saldrán igual parados.

El informe The future employment impact of artificial intelligence and emerging digital technologies in Europe, firmado por Fabien Petit y publicado en 2026 dentro del Social Situation Monitor de la Comisión Europea, proyecta el impacto de la inteligencia artificial y otras tecnologías digitales emergentes sobre el empleo europeo hasta 2040.

La conclusión general es prudente, pero clara: el efecto agregado sería positivo. En el escenario central, el empleo europeo aumentaría en unos 13,1 millones de puestos respecto a 2019 para 2040. Si se mide solo el efecto tecnológico, descontando el escenario demográfico de referencia, el informe estima un impacto de unos 11,8 millones de empleos.

El titular fácil sería decir que la IA creará empleo. Pero ese sería el resumen menos útil. El propio informe insiste en que las ganancias serán desiguales y que los riesgos se concentran en trabajadores jóvenes, personas con baja cualificación y regiones con menor capacidad de adaptación digital.

La IA no aparece aquí como una ola que levanta todos los barcos. Se parece más a una corriente que empuja a unos sectores y deja a otros en una posición más frágil.

Un informe europeo con mirada regional

El estudio de Fabien Petit no se limita a comparar empleos “automatizables” y empleos “seguros”. Su punto fuerte está en el enfoque territorial. El informe cruza exposición tecnológica, estructura productiva regional, empleo por grupos de edad, nivel educativo, género y escenarios demográficos de Eurostat.

Esto importa porque el impacto de la IA no depende solo de la ocupación. También depende de dónde se trabaje, en qué sectores pesa más una región, qué nivel de cualificación tiene su población activa, cómo envejece su mercado laboral y qué capacidad tiene para atraer o retener trabajadores.

La metodología parte de la base TechXposure, desarrollada por Prytkova y otros autores en 2025, que mide la exposición de industrias y ocupaciones a tecnologías digitales a partir de la proximidad entre patentes y descripciones de tareas o sectores. El informe analiza 40 tecnologías digitales, entre ellas IA, robótica, internet de las cosas, fabricación aditiva, plataformas digitales, analítica avanzada, visión por ordenador y aplicaciones de machine learning.

No es una predicción cerrada. El propio documento advierte de sus límites: usa escenarios, no certezas. La evolución real dependerá de la adopción tecnológica, las políticas públicas, la formación, la movilidad laboral, la demografía y la capacidad de las empresas para reorganizar tareas.

Ese matiz es importante. Las cifras no deben leerse como una profecía, sino como una señal de dónde pueden aparecer los riesgos.

El escenario central: más empleo en 2040, con mucha incertidumbre

En el escenario base, la Comisión Europea estima que el empleo total en Europa crecería un 6,6% en 2040 respecto a 2019. En términos absolutos, eso equivale a unos 13,1 millones de empleos adicionales.

Pero el abanico de resultados es amplio. En los escenarios más bajos, el efecto puede ser casi nulo o incluso negativo a corto plazo. En los escenarios más favorables, el aumento podría superar los 28 millones de empleos en 2040.

La horquilla no es un detalle técnico. Dice mucho sobre el momento actual. Nadie sabe con precisión cómo evolucionará la adopción de la IA, ni si las ganancias de productividad se traducirán en más empleo, mejores salarios, más beneficios empresariales o una mezcla desigual de todo ello.

El informe también introduce una variable que a menudo se olvida en los debates sobre IA: la demografía. Sin migración, el empleo total europeo caería en varios escenarios, no porque la tecnología destruya necesariamente más trabajo, sino porque habría menos población activa disponible. Según el informe, la movilidad laboral y la migración ayudan a sostener el empleo agregado al compensar el envejecimiento y la reducción de la población en edad de trabajar.

Este punto tiene lectura directa para las políticas de empleo: hablar de IA sin hablar de demografía deja el análisis cojo.

España aparece entre las grandes economías mejor posicionadas

Uno de los datos más llamativos del informe es el papel de España. Entre las grandes economías europeas, Alemania y España aparecen como las que obtendrían mejores resultados en el escenario central.

Para España, el informe proyecta un aumento de unos 3,5 millones de empleos en 2040 respecto a 2019, equivalente a un crecimiento del 18%. Además, si se compara con el escenario contrafactual sin cambio tecnológico, el impacto atribuido a la IA y a tecnologías digitales emergentes rondaría los 2,4 millones de empleos.

La Comisión Europea vincula este resultado a la composición sectorial y a la adopción digital en servicios. No significa que España tenga resuelto el ajuste tecnológico. Significa que, bajo las hipótesis del modelo, su estructura económica le permitiría capturar una parte relevante de las ganancias.

Francia e Italia salen peor paradas. Francia tendría una recuperación más tardía y un impacto tecnológico débil en el escenario base. Italia aparece como la economía grande con peor desempeño relativo, con pérdidas en los primeros años y apenas una mejora modesta en 2040.

El informe también destaca a países pequeños o medianos como Irlanda, Luxemburgo, Malta y Hungría, que muestran crecimientos fuertes. En cambio, Finlandia y Rumanía aparecen con riesgos de estancamiento o caída, sobre todo por factores demográficos.

Los trabajadores jóvenes afrontan más riesgo de quedar fuera

Uno de los avisos más serios del informe afecta a los trabajadores jóvenes. La Comisión Europea estima que las personas de 15 a 24 años podrían tener resultados débiles o negativos en muchos países, mientras que los trabajadores de 25 a 64 años concentrarían buena parte de las ganancias.

El escenario central para el conjunto de Europa apenas deja una mejora limitada para los jóvenes en 2040. En varios países, la proyección muestra pérdidas persistentes o una recuperación muy lenta.

La explicación no es que los jóvenes sean menos capaces de adaptarse a la tecnología. El informe apunta a otra cuestión: muchos están todavía en formación, trabajan en empleos a tiempo parcial, temporales, estacionales o de baja cualificación, y su entrada al mercado laboral puede producirse en puestos más expuestos a la automatización o con menor complementariedad con tecnologías digitales.

Esto tiene una consecuencia evidente para las políticas activas de empleo. Si la IA cambia la puerta de entrada al mercado laboral, no basta con formar a los trabajadores que ya están dentro. Hay que reforzar la transición entre educación, formación profesional y empleo.

Programas de aprendizaje, prácticas de calidad, formación dual, competencias digitales aplicadas por sector y acompañamiento en la primera inserción laboral pasan a ser piezas centrales. No como eslóganes, sino como mecanismos para evitar que la primera experiencia laboral de muchos jóvenes quede atrapada en empleos de bajo valor y alta exposición tecnológica.

La cualificación marca la mayor línea divisoria

La brecha más clara del informe no es entre hombres y mujeres, ni siquiera entre países. Es entre niveles de cualificación.

Los trabajadores con alta cualificación aparecen como los grandes beneficiarios. En el escenario central, el empleo de este grupo crecería con fuerza hasta 2040. En muchos países, los aumentos superan el 20%.

Los trabajadores con baja cualificación, en cambio, afrontan pérdidas severas y persistentes en casi todos los escenarios. El informe habla de caídas que pueden moverse entre el 20% y el 60% en distintos países y escenarios. Los trabajadores de cualificación media quedan en una zona ambigua: algunos resisten, otros pierden peso, y el riesgo de vaciamiento de empleos intermedios sigue presente.

Este patrón encaja con una idea que ya venían señalando otros informes recientes: la IA no afecta solo por ocupaciones, sino por tareas. Allí donde la tecnología complementa el trabajo humano, puede aumentar productividad y empleo. Allí donde sustituye tareas rutinarias o de menor valor, puede desplazar trabajadores.

La OCDE apuntaba en su informe AI and skills: What we know so far, publicado en junio de 2026, que menos del 1% de los trabajadores necesitará competencias avanzadas de IA, pero la mayoría necesitará habilidades digitales, capacidad para interpretar datos y criterio profesional. Es una lectura compatible con la de la Comisión Europea: el problema no será que todos tengan que aprender a programar, sino que muchos trabajadores necesitarán una base digital suficiente para no quedarse fuera de los nuevos procesos productivos.

Mujeres: posible mejora, pero no automática

El informe también analiza diferencias por género. La conclusión es menos negativa que en otros apartados: tanto hombres como mujeres se beneficiarían del cambio tecnológico en el escenario central, y las mujeres podrían obtener mayores ganancias relativas en muchos países a largo plazo.

En el conjunto europeo, el escenario base proyecta para 2040 un aumento del empleo femenino superior al masculino en términos relativos. Esto se explicaría, en parte, por la expansión de tecnologías digitales en sectores de servicios como salud, educación o actividades administrativas, donde el empleo femenino tiene más peso.

Pero el informe evita una lectura triunfalista. La mejora no sería universal. En países como Francia, Austria o Suiza, las mujeres podrían quedar rezagadas o recuperar empleo más tarde, mientras que los hombres captarían antes parte de las ganancias tecnológicas.

La conclusión práctica es clara: la digitalización puede ayudar a cerrar algunas brechas de género, pero solo si las mujeres tienen acceso real a formación, empleos digitales, promoción profesional y medidas que reduzcan barreras de conciliación y segregación ocupacional.

Regiones ganadoras y regiones rezagadas

La dimensión regional es una de las partes más relevantes del informe. La Comisión Europea prevé que el impacto territorial de la IA y las tecnologías digitales sea muy desigual.

Algunas regiones del sur y este de Europa podrían registrar fuertes ganancias de empleo. También aparecen zonas dinámicas en Escandinavia, España, Portugal, el sur de Francia, Hungría o Polonia. Otras áreas, especialmente en el sur de Italia, partes de Francia y zonas de Rumanía, afrontan pérdidas persistentes o una adaptación más débil.

Esto rompe una idea demasiado simple: que el norte y centro de Europa siempre capturan mejor las ganancias tecnológicas y que el sur queda rezagado. El informe dibuja un mapa más mezclado, donde algunas regiones del sur pueden ganar peso si su estructura sectorial, su demografía y su capacidad de adopción digital acompañan.

La lectura para España es interesante. El país aparece bien situado entre las grandes economías, pero eso no significa que todas sus regiones vayan a beneficiarse por igual. El informe trabaja a escala europea y regional NUTS-2, por lo que apunta a diferencias territoriales que las políticas nacionales y autonómicas deberían leer con detalle.

Para los servicios públicos de empleo, esto es clave. La formación en competencias digitales no puede diseñarse igual en una capital con tejido empresarial tecnológico que en una zona rural, industrial o envejecida. La política de empleo necesita datos regionales, no solo titulares nacionales.

La IA como reasignación, no como simple destrucción

El informe de la Comisión Europea no presenta la IA como una máquina de destruir empleo. Tampoco como una garantía de prosperidad automática. La palabra que mejor encaja es reasignación.

La IA y las tecnologías digitales moverán empleo entre sectores, tareas, países, regiones y perfiles. Algunas ocupaciones ganarán peso, otras perderán. Parte del empleo existente cambiará por dentro, aunque el puesto conserve el mismo nombre.

Esta lectura conecta con el informe de Microsoft Research Working with AI: Measuring the Occupational Implications of Generative AI, publicado en 2025, que situaba mayor exposición en trabajos de conocimiento, oficina, ventas, comunicación y tareas basadas en información. No todos esos empleos desaparecen. Muchos se transforman porque la IA asume partes concretas del trabajo: búsqueda, redacción, resumen, clasificación, soporte a decisiones o atención inicial.

También contrasta con miradas más cautas, como las de Daron Acemoglu, citadas en la literatura del propio informe europeo, que advierten de efectos macroeconómicos más modestos que los prometidos por el discurso tecnológico dominante. La Comisión Europea se sitúa en un punto intermedio: espera impacto positivo en empleo, pero insiste en que los beneficios dependen de políticas de formación, movilidad y adaptación.

La cara menos visible: sesgos y selección algorítmica

El informe de Fabien Petit se centra en empleo agregado, cualificación, edad, género y territorio. No entra de lleno en los sesgos de las herramientas de selección, pero esa dimensión es inseparable del debate sobre IA y empleo.

En 2026, Stanford HAI publicó AI Hiring Tools Can Yield Racial Bias and Systemic Rejection, un estudio a gran escala sobre herramientas algorítmicas de contratación. Analizó millones de candidaturas y detectó patrones de impacto adverso sobre determinados grupos raciales, además del riesgo de “monoculturas algorítmicas” cuando muchas empresas usan el mismo proveedor de selección.

Este punto complementa el informe europeo. Aunque la IA pueda generar empleo neto, el acceso a ese empleo puede quedar mediado por sistemas de cribado opacos. Si la entrada a los nuevos puestos pasa por filtros algorítmicos mal auditados, los beneficios de la digitalización pueden concentrarse todavía más.

No basta con crear empleos digitales. Hay que vigilar quién puede acceder a ellos, cómo se selecciona a los candidatos y qué criterios automáticos quedan escondidos dentro de las plataformas.

Qué implica para las políticas activas de empleo

La Comisión Europea dedica una parte del informe a recomendaciones de política pública. El mensaje de fondo es sencillo: sin intervención, la transición digital puede ampliar desigualdades ya existentes.

Las prioridades son bastante claras.

La primera es invertir en recualificación y mejora de competencias, especialmente para trabajadores de baja y media cualificación. No basta con cursos genéricos de IA. Hace falta formación conectada con ocupaciones, sectores y tareas reales.

La segunda es apoyar la entrada de los jóvenes al mercado laboral. Si los menores de 25 años aparecen como grupo vulnerable en muchos escenarios, las políticas de empleo juvenil no pueden limitarse a incentivos de contratación dispersos. Deben reforzar experiencia práctica, formación profesional, aprendizaje en empresa y competencias digitales aplicadas.

La tercera es diseñar políticas regionales. La IA no afectará igual a Madrid, Andalucía, Baviera, Lombardía o una región rural de Europa del Este. Las medidas deben ajustarse al tejido productivo, la demografía y la capacidad digital de cada territorio.

La cuarta es facilitar la movilidad laboral. El informe muestra que la migración y la movilidad ayudan a compensar los efectos del envejecimiento y sostienen el empleo agregado. Esto incluye reconocimiento de cualificaciones, formación lingüística, vivienda, transporte y servicios que permitan moverse sin convertir la movilidad en una penalización social.

La quinta es mejorar la gobernanza. Si las proyecciones tienen tanta incertidumbre, los gobiernos necesitan sistemas de seguimiento ágiles. No pueden esperar a que el impacto se consolide durante una década para adaptar formación, orientación y políticas de empleo.

Qué cambia para la orientación laboral

Para la orientación laboral, este informe aporta una idea de mucho valor: el riesgo no se reparte por igual. Por tanto, la orientación tampoco debería ser igual para todos.

Una persona joven sin experiencia, una trabajadora administrativa de cualificación media, un técnico industrial, un profesional sanitario, un desempleado de larga duración o un trabajador de baja cualificación en una región con menor desarrollo digital no necesitan el mismo itinerario.

La orientación debería incorporar tres preguntas:

  1. Qué tareas de esta ocupación están más expuestas a IA y tecnologías digitales.
  2. Qué competencias pueden proteger o mejorar la empleabilidad de esta persona.
  3. Qué sectores o territorios ofrecen mejores opciones de transición.

Esto obliga a actualizar diagnósticos, catálogos formativos y herramientas de intermediación. La IA no solo cambia las profesiones tecnológicas. Cambia la administración, la logística, la educación, la atención al cliente, la industria, la sanidad, los servicios profesionales y buena parte de los trabajos basados en información.

El orientador que siga hablando de competencias digitales como si fueran solo “manejo de Office” llega tarde.

Una advertencia contra dos errores

El informe ayuda a evitar dos errores habituales.

El primero es el catastrofismo. La Comisión Europea no proyecta una destrucción masiva de empleo por la IA en Europa. En su escenario central, el efecto agregado es positivo.

El segundo error es el optimismo cómodo. Que el saldo total sea positivo no significa que la transición sea justa. Puede haber más empleo y, al mismo tiempo, más desigualdad entre trabajadores cualificados y no cualificados, entre jóvenes y adultos, entre regiones dinámicas y regiones rezagadas.

Ese es el punto que más importa para una web de empleo, oposiciones, formación y orientación laboral. La pregunta no es solo cuántos empleos habrá. La pregunta es quién estará en condiciones de acceder a ellos.

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Fuente principal

European Commission. The future employment impact of artificial intelligence and emerging digital technologies in Europe. Fabien Petit. Publications Office of the European Union, 2026.