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Fecha: 13 agosto, 2026
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Los trabajadores con menos competencias se concentran en los empleos más expuestos a la IA en España

Funcas identifica una doble vulnerabilidad en el mercado laboral español: los adultos con menores competencias básicas trabajan con mayor frecuencia en ocupaciones expuestas a la IA y participan menos en formación.

Trabajadores con menos competencias, más expuestos a la IA en España

España afronta la extensión de la inteligencia artificial en el trabajo con una desventaja que va más allá de la tecnología. Los adultos con menores competencias en lectura, matemáticas y resolución de problemas están sobrerrepresentados precisamente en algunas de las ocupaciones más expuestas a las capacidades actuales de la IA.

Es la principal conclusión de Competencias básicas de los adultos e inteligencia artificial: la doble transición del mercado de trabajo español, una investigación de Ismael Sanz publicada por Funcas en julio de 2026. El trabajo cruza los resultados de competencias de adultos de PIAAC con el nuevo indicador de exposición ocupacional a la IA desarrollado por la OCDE y realiza, además, un primer ejercicio para trasladarlo a la estructura del empleo español.

El resultado apunta a una «doble vulnerabilidad»: quienes parten con menos competencias básicas trabajan con mayor frecuencia en ocupaciones expuestas a la IA y, al mismo tiempo, participan menos en la formación de adultos.

España supera la media de la OCDE en adultos con competencias bajas

El punto de partida es desfavorable. El 31% de los adultos españoles de entre 16 y 65 años se encuentra en el nivel 1 o inferior de PIAAC en lectura. El porcentaje alcanza el 30% en matemáticas y el 35% en resolución adaptativa de problemas.

Los tres registros superan la media de la OCDE: 26%, 25% y 29%, respectivamente.

Las puntuaciones medias también quedan por debajo. España obtiene 247 puntos en lectura frente a los 260 de la OCDE, 250 en matemáticas frente a 263 y 241 en resolución adaptativa de problemas frente a 251.

El problema tampoco se limita a la parte baja de la distribución. Solo un 4% de los adultos españoles alcanza los niveles 4 o 5 en lectura, mientras que en el conjunto de la OCDE lo hace un 12%.

Los datos proceden del segundo ciclo de PIAAC, la evaluación internacional de competencias de adultos realizada en 2023. El programa mide capacidades que intervienen directamente en la vida cotidiana y laboral, como comprender y utilizar información escrita, trabajar con información matemática o afrontar problemas que requieren adaptar la estrategia utilizada.

La cuestión de las competencias resulta especialmente relevante al analizar cómo está entrando la inteligencia artificial en las empresas. Como explicamos a partir de otro estudio de la OCDE sobre las competencias que ganan importancia con la IA, para la mayoría de los trabajadores el reto no consiste en aprender programación avanzada, sino en disponer de las habilidades digitales y profesionales necesarias para trabajar con estas herramientas.

La IA está más cerca de las tareas administrativas que de las que exigen juicio experto

Para estudiar la otra parte del problema, Sanz utiliza el AI Capability Gap Index de la OCDE. Este indicador compara las capacidades que requiere cada ocupación con las que ya han alcanzado los sistemas de inteligencia artificial en nueve dominios cognitivos, sociales y físicos.

La interpretación del índice es importante: cuanto menor es la distancia entre ambas, mayor es la exposición potencial de una ocupación a la IA.

El apoyo administrativo y de oficina presenta actualmente una brecha de solo 0,8, la menor entre los grandes grupos ocupacionales analizados. Le siguen producción industrial (1,8), hostelería y preparación de alimentos (2,4) y ventas (2,6).

En el extremo contrario aparecen los servicios comunitarios y sociales (6,4), las ocupaciones educativas y jurídicas (5,8), la sanidad (5,6), la dirección y gestión (5,5) y los servicios de protección (5,2).

Al bajar a ocupaciones concretas, la diferencia resulta todavía más visible. Empleados de facturación, archivo, contabilidad y auditoría, grabadores de datos, procesadores de texto y mecanógrafos presentan un índice de 0: las capacidades actuales de la IA ya alcanzan, según la métrica utilizada, el perfil requerido por estas ocupaciones.

En cambio, profesiones como médicos especialistas, policías, abogados, jueces o directores ejecutivos mantienen brechas mucho mayores.

La explicación no está simplemente en que unos trabajos sean más o menos cualificados. La IA se aproxima más a las tareas basadas en información codificable y estandarizada, mientras conserva mayores distancias cuando el trabajo depende de comprender a otras personas, resolver situaciones complejas o ejercer juicio contextual.

Menor demanda cognitiva, mayor exposición actual a la IA

El hallazgo que conecta ambas partes del informe aparece al comparar las capacidades exigidas por las ocupaciones con su exposición tecnológica.

Sanz calcula para 22 grandes grupos ocupacionales una correlación de 0,87 entre el índice de brecha frente a la IA y su demanda cognitiva media. En el caso del conocimiento, aprendizaje y memoria alcanza 0,93, y en lenguaje, 0,75.

En otras palabras, las capacidades actuales de la IA se encuentran más cerca de lo que requieren las ocupaciones con demandas cognitivas moderadas y tareas que pueden codificarse.

Son también empleos donde se concentran en mayor medida los adultos con competencias básicas bajas.

El informe señala especialmente las ocupaciones administrativas, de producción, hostelería y ventas. Para España esta coincidencia adquiere más importancia por dos razones: el país supera la media de la OCDE en adultos con bajas competencias y actividades como el comercio, la hostelería y los servicios administrativos tienen un peso elevado en su estructura productiva.

A ello se añade el problema de la formación. Los adultos con competencias bajas, que podrían tener una mayor necesidad de actualizarse, son precisamente quienes participan menos en ella. La OCDE relaciona esta menor participación con barreras de tiempo y coste, falta de información y confianza y experiencias educativas negativas, entre otros factores.

Los administrativos son el grupo español con mayor exposición

El estudio da un paso adicional y adapta el indicador de la OCDE a los nueve grandes grupos de la Clasificación Nacional de Ocupaciones (CNO-11), utilizando datos de empleo de la EPA del cuarto trimestre de 2025.

El resultado sitúa claramente en primera posición a los empleados contables y administrativos. Sus 2,1 millones de ocupados reciben un índice de brecha de 0,8, muy inferior al promedio español ponderado por empleo, situado en 3,4.

Actualmente las mayores distancias respecto a las capacidades de la IA corresponden a directores y gerentes, con 5,5; técnicos y profesionales científicos e intelectuales, con 4,8; y técnicos y profesionales de apoyo, con 4,5.

Este cálculo debe interpretarse con cautela. El propio Sanz lo define como un ejercicio orientativo. La correspondencia entre los grupos ocupacionales estadounidenses utilizados por la OCDE y la clasificación española CNO-11 ha sido elaborada para el estudio y constituye, según el autor, «el supuesto más frágil del ejercicio». Los grandes grupos esconden además diferencias considerables entre las ocupaciones que contienen.

Pese a esas limitaciones, las distintas variantes probadas por el investigador apenas alteran la media agregada española y mantienen el resultado cualitativo: el empleo administrativo aparece como el más expuesto en la situación actual.

El resultado tiene una derivada particular para las administraciones públicas, donde existe un volumen importante de tareas administrativas. La exposición tecnológica, sin embargo, no permite concluir por sí sola cómo evolucionarán las plantillas. El análisis sobre inteligencia artificial, competencias y gobernanza en el empleo público ayuda a situar esa diferencia entre capacidad tecnológica y transformación efectiva de la Administración.

Qué ocurriría si la IA mejorase un nivel sus capacidades cognitivas

El indicador permite también plantear escenarios tecnológicos. El informe estudia qué sucedería si las capacidades cognitivas de la IA avanzaran un nivel.

No es una predicción sobre cuándo ocurrirá ni asegura que vaya a producirse. Sirve para observar cómo cambiaría la exposición de las ocupaciones bajo ese supuesto.

En ese escenario, la brecha de los administrativos españoles pasaría de 0,8 a solo 0,2. La media ponderada del conjunto del empleo caería de 3,4 a 1,8.

Técnicos y profesionales de apoyo quedarían en 1,7; servicios de restauración, personales, protección y vendedores, en 1,8; y operadores de instalaciones y maquinaria, también en 1,8. Técnicos y profesionales científicos y ocupaciones elementales se situarían alrededor de 2.

Según los cálculos del informe, los grupos que reúnen más de cuatro quintas partes del empleo español quedarían entonces con índices próximos a 2 o inferiores.

Exposición a la IA no significa destrucción de puestos de trabajo

El informe introduce una cautela especialmente relevante al interpretar estos resultados. Que las capacidades de la IA se acerquen a las requeridas por una ocupación no significa que esa ocupación vaya a desaparecer.

El indicador mide exposición potencial a la tecnología. El efecto final sobre el empleo dependerá también del coste de implantarla, su grado de difusión, la organización de las empresas y la regulación, entre otros factores.

Esta distinción aparece también en otros estudios recientes. La evidencia inicial analizada en nuestro artículo sobre el impacto de la IA en el empleo a partir de los datos de Anthropic tampoco permite equiparar automáticamente exposición con pérdida de puestos.

La exposición puede traducirse además en colaboración entre trabajadores y sistemas de IA.

Incluso en los trabajos más expuestos siguen existiendo capacidades donde la tecnología está más lejos del desempeño humano. Las mayores brechas se encuentran en interacción social, resolución de problemas y metacognición y pensamiento crítico, con 1,1 niveles en cada caso.

Por ello, Sanz considera más probable una recomposición de tareas dentro de determinadas ocupaciones que su desaparición automática. Y ahí aparece otro problema para España: si la IA absorbe una parte creciente de las tareas codificables, aumenta el peso relativo de capacidades humanas en las que una proporción considerable de adultos españoles presenta dificultades.

El dato más desfavorable es precisamente el de resolución adaptativa de problemas: un 35% de los adultos españoles se encuentra en los niveles bajos, seis puntos porcentuales más que la media de la OCDE.

La posibilidad de que el primer efecto se produzca sobre las tareas antes que sobre el número de puestos coincide con otra evidencia que hemos analizado sobre la reorganización del empleo europeo por la IA, aunque se trata de estudios con metodologías diferentes.

Una debilidad con margen para corregirse mediante formación

El diagnóstico tiene un elemento favorable. España pertenece al grupo de países donde buena parte de los adultos con competencias bajas se encuentra relativamente cerca del nivel 2 de PIAAC, considerado en el informe como umbral de funcionalidad.

No es lo mismo tener una población con déficits muy profundos y dispersos que una gran cantidad de adultos situados poco por debajo del nivel considerado necesario para desenvolverse adecuadamente. En el segundo caso, sostiene Sanz, intervenciones formativas de intensidad moderada y bien vinculadas al puesto de trabajo pueden permitir que una parte amplia supere ese umbral.

El informe sitúa como prioridad a los trabajadores adultos de ocupaciones administrativas, de producción y ventas con competencias próximas al nivel 2. También plantea que la formación profesional, la formación para el empleo y la educación de adultos refuercen explícitamente la interacción social, la resolución de problemas y la metacognición, además de las competencias básicas en lectura y matemáticas.

La cuestión que plantea el estudio, por tanto, no es cuántos puestos destruirá la inteligencia artificial. Sus cálculos no permiten responder a esa pregunta. El problema que identifica es otro: una parte de los trabajadores que tendrá que adaptarse antes a la transformación de sus tareas parte con menos herramientas para hacerlo y accede menos a la formación que podría reducir esa desventaja.

Fuente principal: Ismael Sanz, Competencias básicas de los adultos e inteligencia artificial: la doble transición del mercado de trabajo español, Investigaciones de Funcas 42/2026, julio de 2026. Consultar el informe original en Funcas.

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