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Fecha: 2 agosto, 2026
Etiqueta(s): IA

La IA empieza a reducir la contratación junior antes de destruir empleo

La inteligencia artificial todavía no está provocando una destrucción masiva de empleo, pero ya empieza a reducir la contratación de graduados, administrativos y perfiles junior. El Banco de Inglaterra advierte de que las empresas producen más sin ampliar plantillas, automatizan tareas de entrada y ponen en riesgo las vías tradicionales para adquirir experiencia profesional.

La IA empieza a reducir la contratación junior antes de destruir empleo

La inteligencia artificial todavía no está provocando una oleada general de despidos, pero empieza a cambiar algo menos visible y quizá más importante: a quién contratan las empresas, qué tareas asignan a los trabajadores y cómo se adquiere la experiencia profesional.

El último informe sobre condiciones empresariales del Banco de Inglaterra recoge que las compañías británicas mantienen prácticamente congeladas sus plantillas mientras aumentan la inversión en automatización, tecnología e inteligencia artificial.

Las empresas que están obteniendo ganancias de productividad pueden producir más sin aumentar el empleo y, en algunos casos, reducir sus necesidades de personal. El efecto se concentra en tareas administrativas, atención al cliente, desarrollo de software, finanzas, servicios profesionales y creación de contenidos.

La consecuencia más preocupante aparece en los puestos de entrada. Varias empresas consultadas por el banco central reconocen que están reduciendo la contratación de graduados, administrativos y perfiles junior porque la IA ya puede realizar parte de las tareas que antes servían para aprender una profesión.

No estamos todavía ante una destrucción masiva de empleo. Estamos ante una transformación más gradual: las empresas sustituyen menos a quienes se marchan, exigen más a quienes permanecen y necesitan menos trabajadores para producir el mismo resultado.

El último informe sobre condiciones empresariales del Banco de Inglaterra recoge que las compañías británicas mantienen prácticamente congeladas sus plantillas mientras aumentan la inversión en automatización, tecnología e inteligencia artificial.
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Qué dice el informe del Banco de Inglaterra

El documento, publicado el 24 de julio de 2026, resume las conversaciones mantenidas por la red de agentes del Banco de Inglaterra con empresas de distintos sectores durante las seis semanas anteriores al cierre de junio.

No es una encuesta estadísticamente representativa ni permite calcular cuántos empleos desaparecerán. Su valor está en otro lugar: recoge decisiones empresariales que suelen aparecer antes de que sus efectos sean visibles en las estadísticas oficiales.

Las compañías describen un escenario marcado por:

  • crecimiento económico débil;
  • demanda incierta;
  • costes laborales elevados;
  • márgenes empresariales reducidos;
  • menor dificultad para encontrar trabajadores;
  • inversión creciente en automatización e IA;
  • plantillas prácticamente estancadas.

Las intenciones de contratación se mantienen planas para los próximos doce meses. Los recortes se producen principalmente mediante bajas que no se cubren, rotación natural y ajustes selectivos, más que mediante grandes expedientes de despido.

La contratación se concentra en perfiles profesionales, digitales, tecnológicos y especializados. Al mismo tiempo, disminuye la demanda de puestos rutinarios, administrativos y de entrada.

Puede consultarse el informe completo del Banco de Inglaterra en su web oficial.

Las empresas invierten en tecnología, pero no en ampliar capacidad

Uno de los datos más reveladores aparece en el apartado dedicado a la inversión.

Las empresas no están destinando prioritariamente sus recursos a construir nuevas fábricas, abrir establecimientos o ampliar capacidad productiva. La debilidad de la demanda y la incertidumbre frenan ese tipo de proyectos.

La inversión se dirige hacia la automatización y la búsqueda de eficiencia.

Los fabricantes intentan compensar el aumento de los costes laborales mediante maquinaria y procesos automáticos. Las empresas de servicios están aumentando el gasto en tecnología e inteligencia artificial para reducir tiempos, reorganizar tareas y atender más actividad con plantillas similares.

Parte de este gasto ni siquiera aparece como inversión de capital. Muchas herramientas de IA se pagan mediante licencias, suscripciones o servicios en la nube y se contabilizan como gasto operativo.

Esto complica la lectura tradicional de la productividad. Una empresa puede estar reorganizando profundamente su actividad sin realizar una gran inversión física ni anunciar un plan formal de automatización.

La IA permite producir más sin contratar

El informe identifica ganancias concretas de productividad en desarrollo de software, finanzas, administración, atención al cliente, servicios profesionales y creación de contenidos.

Entre las tareas que pueden acelerarse aparecen:

  • búsquedas documentales;
  • preparación de primeros borradores;
  • procesamiento de facturas;
  • análisis básicos;
  • clasificación de información;
  • respuestas rutinarias;
  • generación de código;
  • elaboración de contenidos.

Las empresas que integran bien estas herramientas pueden aumentar su producción sin contratar en la misma proporción.

Eso no significa que la IA elimine automáticamente una profesión. Un abogado sigue siendo necesario aunque una herramienta prepare una búsqueda jurídica inicial. Un contable continúa siendo responsable del resultado aunque una aplicación procese facturas. Un programador debe revisar el código generado antes de incorporarlo a un producto.

La diferencia es que el mismo profesional puede realizar más trabajo en menos tiempo.

La empresa conserva al trabajador con experiencia, pero reduce la necesidad de contratar ayudantes, administrativos o perfiles iniciales.

Esta conclusión coincide con el análisis sobre cómo la IA cambiará antes las tareas que el empleo en Europa. El marco estudiado en ese artículo calcula que el 27% del empleo europeo podría atravesar una reorganización de tareas, frente a un 14% con mayor potencial de automatización.

Los puestos junior son el punto más débil

El Banco de Inglaterra recoge una advertencia que ya aparece en varios estudios recientes: algunas empresas de servicios profesionales están contratando menos graduados y reduciendo la demanda de personal administrativo y junior.

La explicación es sencilla. Los trabajadores que comienzan suelen encargarse de las tareas más estructuradas y supervisadas:

  • recopilar información;
  • preparar documentos;
  • realizar análisis preliminares;
  • revisar expedientes;
  • actualizar bases de datos;
  • redactar primeras versiones;
  • atender consultas sencillas.

Son precisamente las tareas en las que la IA generativa está avanzando más rápido.

Un profesional experimentado puede utilizar una herramienta para realizar parte de ese trabajo, revisar el resultado y asumir la responsabilidad final. La empresa gana productividad sin prescindir necesariamente de su personal principal.

El problema aparece después. Las tareas que desaparecen eran también las que permitían a una persona joven aprender, cometer errores bajo supervisión y adquirir conocimiento práctico.

Si las empresas eliminan esos escalones, pueden ahorrar costes a corto plazo y debilitar su cantera profesional a medio plazo.

El Parlamento Europeo también ha alertado sobre el impacto de la IA en los trabajadores jóvenes. Su informe señala que los empleos de entrada, las tareas administrativas y algunos puestos cualificados iniciales muestran las primeras señales de deterioro, aunque todavía no exista una caída general de la contratación europea.

Las empresas quieren experiencia, pero automatizan cómo se consigue

Aquí aparece una contradicción difícil de resolver.

Las organizaciones necesitan trabajadores capaces de revisar resultados, detectar errores, comprender el contexto y tomar decisiones. El propio Banco de Inglaterra señala que las mayores ganancias de productividad se producen cuando empleados cualificados validan y mejoran lo generado por la IA.

Sin embargo, esas mismas empresas reducen las tareas mediante las que se adquieren esas capacidades.

No se aprende a revisar un contrato sin haber trabajado antes con contratos. Tampoco se desarrolla criterio contable, jurídico, técnico o editorial limitándose a aceptar o rechazar una respuesta automática.

La IA puede ayudar a aprender, pero solo cuando existe supervisión, formación y acceso real al proceso profesional. Utilizarla únicamente para eliminar puestos iniciales traslada el problema hacia el futuro.

Las empresas podrían encontrarse dentro de unos años con muchos profesionales experimentados próximos a retirarse y pocos trabajadores intermedios preparados para sustituirlos.

La OCDE sostiene que la mayoría de los trabajadores no necesitará conocimientos avanzados de IA. Necesitará competencias digitales, capacidad para interpretar datos, resolución de problemas y criterio profesional.

La dificultad consiste en desarrollar criterio cuando se automatizan las tareas que permitían adquirirlo.

No toda la productividad procede de la IA

Conviene ser prudentes con las conclusiones del informe.

Las empresas consultadas operan en un contexto de demanda débil, incertidumbre política, costes energéticos elevados y tensiones geopolíticas. Buena parte de la moderación del empleo puede explicarse por esos factores.

El documento no permite separar cuánto corresponde a la IA y cuánto a:

  • la debilidad del consumo;
  • el aumento de los costes salariales;
  • los tipos de interés;
  • la pérdida de confianza empresarial;
  • las dificultades en la construcción;
  • la incertidumbre internacional;
  • los cambios en la legislación laboral.

Las compañías también pueden atribuir a la inteligencia artificial decisiones de reducción de costes que habrían adoptado de todas formas.

Además, el informe se basa en conversaciones empresariales. Describe percepciones y decisiones, pero no verifica de manera independiente las ganancias de productividad declaradas.

La adopción tampoco es uniforme. Algunas compañías utilizan la IA a escala y rediseñan procesos completos. Otras se limitan a probar asistentes de escritura o herramientas aisladas sin efectos apreciables sobre la organización.

Por eso, hablar de una sustitución general del empleo sería prematuro.

La automatización depende de cómo se organiza el trabajo

El efecto de la IA no depende únicamente de lo que la tecnología sea capaz de hacer.

También importa cómo esté organizado cada puesto.

Un reciente estudio del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea sostiene que la IA automatiza mejor los trabajos con poca autonomía.

Las tareas rutinarias, fragmentadas y definidas mediante reglas son más fáciles de trasladar a una máquina. En cambio, los puestos que requieren iniciativa, adaptación, cooperación, responsabilidad y conocimiento del contexto conservan una participación humana mayor.

Esto permite interpretar mejor lo que está ocurriendo en las empresas británicas.

La automatización no empieza cuando se compra una herramienta. Puede comenzar antes, cuando la organización:

  • divide un puesto en operaciones pequeñas;
  • estandariza cada procedimiento;
  • limita la capacidad de decisión;
  • documenta el conocimiento del trabajador;
  • convierte la actividad en datos medibles;
  • centraliza la supervisión.

Una vez realizado ese trabajo, la sustitución técnica resulta mucho más sencilla.

La cuestión relevante no es solo qué tareas puede ejecutar la IA, sino qué empleos están siendo rediseñados para facilitar su automatización.

La IA también está generando costes nuevos

La tecnología no produce únicamente ahorro.

Las empresas consultadas por el Banco de Inglaterra detectan varios costes asociados a su uso:

  • resultados incorrectos o de baja calidad;
  • contenidos producidos masivamente;
  • solicitudes de empleo poco auténticas;
  • aumento de consultas y reclamaciones automáticas;
  • necesidad de revisar las respuestas;
  • formación de las plantillas;
  • licencias de software;
  • consumo de servicios en la nube;
  • dependencia de grandes proveedores tecnológicos.

La facilidad para generar currículos, cartas de presentación y solicitudes puede elevar el número de candidaturas sin mejorar su calidad. Las empresas reciben más información, pero deben dedicar recursos adicionales a comprobarla y filtrarla.

Esto puede provocar una nueva carrera armamentística: los candidatos utilizan IA para producir más solicitudes y las empresas utilizan IA para descartarlas.

El resultado no tiene por qué ser una selección mejor. Puede convertirse en un proceso más opaco, impersonal y costoso.

Los riesgos de este modelo se analizan también en el artículo sobre cómo evitar sesgos en la selección de personal mediante inteligencia artificial.

La productividad no garantiza mejores empleos

El Banco de Inglaterra observa que las empresas están utilizando la IA para aumentar la eficiencia, reducir costes laborales y contener precios.

Pero una mejora de productividad no determina por sí sola quién obtiene el beneficio.

Puede traducirse en:

  • salarios más altos;
  • reducción de jornada;
  • mejores servicios;
  • precios más bajos;
  • mayores beneficios;
  • menos contratación;
  • más carga de trabajo para la plantilla restante.

El informe no demuestra que las ganancias se estén repartiendo entre los trabajadores. Al contrario, las empresas mantienen una actitud prudente respecto a la contratación mientras intentan reconstruir sus márgenes.

Las subidas salariales acordadas para 2026 se sitúan alrededor del 3,5%, por debajo de las de 2025. Al mismo tiempo, algunas compañías esperan producir más con un número similar o menor de empleados.

La OCDE ha señalado que las políticas sobre IA laboral avanzan a dos velocidades: existen numerosos programas para extender la tecnología y formar especialistas, pero siguen siendo escasas las medidas dirigidas a proteger a quienes conservan su empleo mientras cambian sus tareas, su autonomía o su intensidad de trabajo.

El empleo agregado puede ocultar el cambio

Las cifras generales de empleo pueden tardar en reflejar esta transformación.

Una economía puede mantener un nivel de ocupación relativamente estable mientras se producen cambios importantes:

  • disminuyen las vacantes junior;
  • se cubren menos bajas;
  • aumenta la competencia por puestos iniciales;
  • trabajadores experimentados aceptan empleos de menor nivel;
  • crece el trabajo autónomo o temporal;
  • se exigen más competencias para acceder al mismo puesto;
  • aumenta la producción sin crecer la plantilla;
  • se deterioran los itinerarios de promoción.

El propio Banco de Inglaterra recoge testimonios de personas que perciben una reducción tanto de la cantidad como de la calidad de los empleos. Algunos trabajadores con experiencia están solicitando puestos junior, lo que dificulta aún más el acceso de los jóvenes.

Otros recurren al autoempleo, los contratos de cero horas o varios trabajos simultáneos para protegerse frente a la inseguridad económica.

Estos movimientos pueden aparecer mucho antes de que aumente el desempleo.

Qué indicadores conviene observar

Medir el impacto de la IA exige mirar más allá del número total de puestos de trabajo.

Durante los próximos meses habrá que prestar atención a:

  1. Las vacantes de entrada. Una caída de puestos para graduados, administrativos y perfiles junior puede anticipar cambios que todavía no aparecen en el empleo total.
  2. La reposición de bajas. No cubrir jubilaciones o salidas voluntarias es una forma silenciosa de reducir plantilla.
  3. La composición de la contratación. Puede aumentar la demanda de perfiles especializados mientras disminuye la de funciones rutinarias.
  4. Las horas y la intensidad laboral. Producir más con la misma plantilla puede mejorar la productividad o aumentar la carga de trabajo.
  5. Los salarios. Las ganancias tecnológicas no implican que los trabajadores reciban una parte de ellas.
  6. La calidad del empleo. Temporalidad, autonomía, vigilancia, estabilidad y posibilidades de promoción también forman parte del impacto.
  7. Los itinerarios profesionales. Eliminar tareas iniciales puede bloquear la formación de futuros especialistas.
  8. La inversión empresarial. Conviene distinguir entre ampliar capacidad productiva y sustituir trabajo mediante tecnología.

Una transformación menos visible que los despidos

El informe del Banco de Inglaterra no demuestra que la inteligencia artificial esté destruyendo empleo de forma generalizada.

Sí muestra que algunas empresas ya están tomando decisiones coherentes con una menor necesidad de trabajo: automatizan tareas, contienen sus plantillas, reducen la contratación junior y buscan producir más con las mismas personas.

El riesgo inmediato quizá no sea que millones de trabajadores pierdan su puesto de un día para otro.

Puede ser un mercado laboral en el que resulte más difícil entrar, aprender y progresar; donde las empresas busquen profesionales con experiencia mientras automatizan parte de las tareas con las que esa experiencia se adquiría.

Ese cambio puede avanzar durante años sin provocar un gran salto en el desempleo. Cuando las estadísticas agregadas lo recojan, buena parte de la reorganización ya se habrá producido.

Fuentes