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Fecha: 19 agosto, 2026
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¿Hay que memorizar las leyes palabra por palabra para una oposición?

Memorizar o comprender no son opciones excluyentes al estudiar legislación para una oposición. La forma de preparar las leyes depende del tipo de examen y de lo que establezcan las bases. Te explicamos cómo combinar comprensión, memoria, repasos y test.

Libros de legislación española y una ley abierta con artículos subrayados para preparar una oposición.

Cuando empiezas a preparar una oposición con bastante legislación aparece pronto una duda: ¿hay que aprenderse las leyes prácticamente palabra por palabra o basta con entenderlas bien y hacer muchos test?

No hay una respuesta válida para todas las oposiciones. Depende de cómo sea el examen, de qué partes del programa entren y de cómo formule las preguntas el órgano de selección. Por eso, antes de decidir cuánto vas a memorizar, necesitas conocer bien las bases de tu convocatoria.

Lo que sí puedes evitar es plantear el estudio como una elección entre memorizar o comprender. En muchos temarios necesitarás las dos cosas, aunque no con la misma intensidad en todas las materias.

Empieza por el examen, no por el temario

Dos oposiciones con legislación administrativa pueden exigir formas de preparación bastante diferentes.

Un examen tipo test puede pedirte reconocer la opción correcta entre varias respuestas muy parecidas. Un ejercicio de desarrollo exige recuperar y organizar información sin tener las respuestas delante. Un supuesto práctico añade otra dificultad: tienes que saber aplicar lo estudiado.

Incluso entre oposiciones para escalas auxiliares administrativas de universidades hay diferencias. La convocatoria de 2026 de la Universidad Internacional de Andalucía establece un ejercicio con dos secciones y preguntas tipo test de carácter teórico y práctico. En cambio, la convocatoria de 2024 de esa misma universidad tenía un primer ejercicio de preguntas con respuestas alternativas y un segundo ejercicio práctico.

Por tanto, revisa en las bases:

  • cómo son los ejercicios;
  • qué materias corresponden a cada uno;
  • cuánto tiempo tienes;
  • cómo se penalizan los errores, si se penalizan;
  • qué versión de la normativa resulta aplicable.

Este último punto tampoco debe darse por supuesto. En la convocatoria de la Universidad Internacional de Andalucía de 2026, por ejemplo, las referencias normativas del temario se entienden referidas a las normas vigentes el último día del plazo de presentación de solicitudes. Otras convocatorias pueden establecer otra fecha de referencia.

¿Qué partes de una ley merece la pena memorizar con precisión?

Comprender una norma te permite situar cada artículo y relacionarlo con el resto del temario, pero hay información que puede exigir una memoria bastante precisa cuando el examen es tipo test.

Piensa, por ejemplo, en:

  • plazos;
  • porcentajes y cantidades;
  • órganos y sus competencias;
  • requisitos;
  • excepciones;
  • enumeraciones;
  • mayorías;
  • quién puede realizar una determinada actuación y en qué circunstancias.

La necesidad concreta dependerá del programa y de las preguntas que pueda plantear el tribunal.

Por eso tampoco es buena idea adoptar como regla general que tienes que memorizar literalmente cada línea de todas las leyes incluidas en el programa. Antes hay que mirar qué exige realmente tu proceso selectivo.

Entender la ley también ayuda a memorizarla

La legislación resulta bastante más difícil de recordar cuando se estudia como una sucesión de frases aisladas.

Antes de intentar retener un artículo puedes preguntarte qué regula, quién interviene, qué regla establece, qué excepciones introduce y cómo se relaciona con lo que has estudiado antes.

Así construyes primero una estructura y después colocas dentro los detalles que necesitas recordar con precisión.

Esto resulta especialmente útil en temarios grandes. Si cada tema se convierte desde el primer día en una tarea de memorización exhaustiva, es fácil dedicar tanto tiempo a los primeros bloques que el resto del programa avance demasiado despacio.

Cómo utilizar los test para estudiar legislación

Hacer preguntas puede servir para algo más que comprobar cuántos aciertos tienes.

Cuando falles una pregunta, vuelve al texto normativo y localiza la respuesta. Comprueba qué habías entendido mal y qué detalle diferenciaba la respuesta correcta de las demás.

Puedes registrar los errores por categorías:

Error Qué revisar
Confundes dos plazos Compararlos y volver al artículo
Intercambias las competencias de dos órganos Estudiarlos juntos
Fallas una excepción Revisar regla general y excepción
Confundes dos conceptos parecidos Definir ambos y buscar la diferencia
No recuerdas una enumeración Recuperarla sin mirar y comprobar después

De esta forma el test funciona también como herramienta de diagnóstico.

Eso sí, no conviene convertir las preguntas de convocatorias anteriores en una predicción del próximo examen. Sirven para conocer cómo se ha examinado anteriormente una materia, pero el siguiente ejercicio debe prepararse conforme al programa y las reglas de la convocatoria que te corresponda.

¿Y si haces test y aun así no recuerdas la ley?

Puede ocurrir que empieces a reconocer respuestas después de repetir muchas preguntas sin dominar realmente el contenido.

Una forma sencilla de comprobarlo es cambiar la dirección del ejercicio.

Después de trabajar un bloque de preguntas, cierra el test e intenta recuperar por tu cuenta aquello que acabas de estudiar: cuál era el plazo, qué órgano tenía la competencia, cuáles eran las excepciones o cómo se estructuraba el procedimiento.

Después compruébalo en la norma.

Si solo reconoces la respuesta cuando aparecen cuatro opciones delante, todavía queda trabajo por hacer.

La primera vuelta no tiene que parecerse a la última

Otro problema frecuente aparece cuando el programa es muy extenso. Estudias un tema, intentas dejarlo completamente memorizado y, mientras tanto, los siguientes empiezan a acumularse.

En una primera vuelta puede ser más útil construir una base sólida del programa que exigir el mismo nivel de recuerdo que pretendes tener cerca del examen.

Puedes trabajar cada tema por capas:

Primera toma de contacto

Identifica la estructura, los conceptos principales y las normas que intervienen.

Segundo trabajo

Añade los datos que requieren más precisión: plazos, órganos, requisitos, excepciones y otros elementos relevantes para tu prueba.

Repasos posteriores

Intenta recuperar la información sin mirar constantemente los apuntes y comprueba después qué has olvidado o confundido.

No hace falta que todas las vueltas sean idénticas. Conforme conoces mejor el programa puedes dedicar menos tiempo a reconstruir la estructura básica y más a los puntos que continúan dando problemas.

Si tu oposición tiene examen oral, estudia también hablando

Las oposiciones con exposición oral o «cante» plantean una exigencia distinta. Saber un tema y ser capaz de exponerlo de forma ordenada durante el tiempo previsto no son exactamente la misma habilidad.

La práctica debería parecerse progresivamente a la prueba real.

Empieza utilizando el esquema si todavía lo necesitas y ve reduciendo ese apoyo. Cronometra las exposiciones, comprueba dónde te bloqueas y detecta qué partes recuerdas peor cuando tienes que explicarlas en voz alta.

No esperes a tener todo el programa memorizado para empezar a practicar la exposición. Si el examen exige hablar, esa parte también forma parte de la preparación.

Cuidado con las recetas universales de horas, temas y vueltas

«Cinco temas por semana», «ocho horas al día», «tres vueltas antes del examen»…

Son referencias que pueden describir el sistema de otra persona, pero no determinan automáticamente el que necesitas tú.

Un programa de 30 temas no se organiza igual que uno de 200. Tampoco es comparable un cuestionario tipo test con un ejercicio oral, ni dispone del mismo tiempo una persona que trabaja que otra dedicada por completo a preparar la oposición.

En vez de copiar una cifra, mide tu propio progreso. ¿Cumples el trabajo semanal? ¿Recuerdas mejor los temas después de varias semanas? ¿Tus errores en los simulacros disminuyen? ¿Puedes recuperar información sin mirar los apuntes? ¿Tu exposición se ajusta cada vez mejor al tiempo disponible?

Esas preguntas dicen bastante más sobre tu preparación que el número de horas que otra persona afirma estudiar.

Un método sencillo para combinar comprensión, memoria y test

Si tu oposición contiene legislación y un examen tipo test, puedes utilizar este ciclo como punto de partida:

  1. Lee el bloque para entender qué regula y cómo está organizado.
  2. Haz un esquema breve de su estructura.
  3. Señala la información que necesitas recordar con especial precisión.
  4. Intenta recuperarla sin consultar el material.
  5. Haz preguntas tipo test sobre ese contenido.
  6. Vuelve a la norma cuando falles.
  7. Registra los errores que se repiten.
  8. Repasa después esos puntos sin esperar a haberlos olvidado por completo.

A partir de ahí tendrás que ajustar el sistema. Quizá necesites dedicar más tiempo a determinados artículos, reducir tus esquemas o practicar más preguntas. Si tienes un ejercicio oral, tendrás que incorporar además exposiciones cronometradas.

Entonces, ¿hay que estudiar las leyes «con puntos y comas»?

No conviene convertir esa expresión en una regla para cualquier oposición.

En un examen tipo test puede ser necesario recordar con mucha precisión determinados artículos, plazos, órganos, requisitos o excepciones. Comprender la norma sigue siendo útil porque te permite relacionar esos datos y recuperarlos con más contexto.

En un examen de desarrollo u oral cambia la forma en que necesitas recuperar la información. Y si existe un supuesto práctico, también tendrás que entrenar su aplicación.

Antes de decidir cómo estudiar una oposición, consulta siempre las bases y el programa de tu convocatoria. Son los que determinan qué se examina y mediante qué pruebas.

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