Infoposiciones.net

Portal de empleo, formación y oposiciones

Fecha: 23 agosto, 2026
Etiqueta(s):

¿Cuántas horas hay que estudiar al día para aprobar una oposición?

No existe un número de horas que garantice aprobar una oposición. Te explicamos cómo saber si estudias suficiente según tu progreso, tus repasos, el tipo de examen y el tiempo disponible.

Reloj junto a libros y apuntes para estudiar una oposición

Cinco horas por la mañana, llega la tarde y ya no consigues concentrarte. Entonces aparece la duda: ¿estoy estudiando poco? ¿Debería obligarme a hacer otras dos o tres horas aunque apenas retenga lo que leo?

No hay un número de horas diarias que garantice aprobar una oposición. Tampoco puede afirmarse que cinco horas sean suficientes o insuficientes sin conocer la oposición, el tiempo disponible hasta el examen, tu punto de partida y, sobre todo, lo que estás consiguiendo durante esas horas.

Por eso tiene más sentido medir el estudio por progreso y resultados que comparando tu horario con el de otros opositores.

¿Cinco horas al día son suficientes para estudiar una oposición?

Pueden serlo, pero la cifra aislada dice bastante poco.

Cinco horas de estudio concentrado en las que avanzas temario, recuperas lo estudiado días atrás y compruebas tus conocimientos no equivalen a cinco horas delante de los apuntes con interrupciones constantes.

Además, las necesidades cambian mucho entre oposiciones. No tienen el mismo programa ni las mismas pruebas unas oposiciones de Auxiliar Administrativo que un proceso selectivo de un subgrupo superior. Incluso dentro del mismo cuerpo puede cambiar el programa de una convocatoria a otra.

Antes de fijarte un número de horas, comprueba las bases y el programa de tu convocatoria y prepara una planificación que puedas mantener. Si todavía no tienes una estructura clara, puedes empezar por nuestra guía sobre cómo planificar el estudio de oposiciones.

No existe un número mágico de horas para aprobar

Es fácil encontrar recomendaciones del tipo «hay que estudiar ocho horas» o «con cuatro horas basta». El problema es que convertir cualquiera de esas cifras en una regla general da una falsa sensación de precisión.

El tiempo que necesitas depende, entre otras cosas, de:

  • la extensión y dificultad del programa;
  • el tipo de ejercicios que tendrás que superar;
  • cuánto dominas ya la materia;
  • cuánto tiempo queda hasta las pruebas;
  • tu velocidad real de avance;
  • las horas que puedes mantener semana tras semana.

También importa qué haces durante el estudio.

Una amplia revisión de técnicas de aprendizaje publicada en Psychological Science in the Public Interest evaluó diez métodos habituales. Dos obtuvieron la valoración más alta por su utilidad: la práctica de recuperación mediante pruebas y la práctica distribuida, es decir, repartir el aprendizaje en el tiempo en lugar de concentrarlo todo en sesiones masivas.

Esto tiene una consecuencia práctica para un opositor: acumular horas no debería ser el único objetivo de tu planificación.

Cómo saber si las horas que estudias son suficientes

En vez de preguntarte continuamente cuánto estudian los demás, puedes comprobar si tu horario está produciendo resultados.

1. ¿Cumples tu planificación?

Tu planificación semanal debe permitirte avanzar a un ritmo compatible con el temario y la fecha prevista del examen.

Si semana tras semana dejas una parte considerable sin hacer, tienes una señal bastante clara: quizá necesites cambiar el horario, reducir objetivos poco realistas o revisar el método.

Si cumples lo previsto con regularidad, añadir horas simplemente porque otra persona estudia más no tiene por qué mejorar tu preparación.

2. ¿Recuerdas lo estudiado días después?

Terminar un tema no significa necesariamente haberlo aprendido.

Una comprobación más útil consiste en volver sobre él después e intentar recuperar la información sin limitarte a releerla. Puedes responder preguntas, explicar un apartado sin mirar los apuntes o resolver preguntas tipo test cuando ese formato tenga sentido para tu oposición.

La práctica de recuperación cuenta con bastante respaldo en la investigación sobre aprendizaje.

Si buena parte de tu temario es legislación, también importa cómo repartes comprensión, memoria, repasos y preguntas. En nuestra guía sobre cómo estudiar y memorizar las leyes para una oposición explicamos por qué memorizar literalmente todo el texto legal no siempre es la estrategia adecuada y cómo adaptar el estudio al tipo de prueba.

3. ¿Tus test o ejercicios mejoran?

Cuando la oposición incluye pruebas objetivas, los test permiten detectar algo que las horas por sí solas no muestran: qué partes del programa dominas y dónde sigues fallando.

No mires únicamente la nota.

Registra también qué preguntas fallas, por qué las fallas y si vuelves a cometer los mismos errores unas semanas después. Esa información puede ayudarte mucho más a reorganizar el estudio que añadir otra hora al horario sin un objetivo concreto.

4. ¿Puedes mantener ese ritmo?

Una oposición suele exigir continuidad. Un horario espectacular durante diez días sirve de poco si después resulta imposible mantenerlo.

Conviene pensar en semanas y meses, no únicamente en lo que eres capaz de hacer hoy.

¿Merece la pena estudiar también por la tarde si ya no rindes?

Si después de una sesión larga notas que relees varias veces lo mismo, te distraes continuamente o apenas puedes recuperar lo que acabas de estudiar, añadir más tiempo de la misma manera puede aportar poco.

Eso no obliga a dar por perdida toda la tarde.

Una posibilidad es reservar las horas de mayor concentración para las tareas más exigentes y utilizar otro momento para actividades distintas: corregir preguntas, revisar errores anteriores, organizar el material o hacer una sesión breve de recuperación.

Pero tampoco hay una obligación de ocupar cada franja libre con la oposición. El descanso forma parte de cualquier planificación que pretenda mantenerse durante mucho tiempo.

Qué hacer si por la tarde estás saturado

Supongamos que estudias cinco horas por la mañana y, después de comer y descansar, memorizar contenido nuevo se te hace cuesta arriba.

Antes de convertir automáticamente la tarde en otras tres horas de estudio, prueba a distinguir las tareas.

Momento de mayor concentración Momento de menor concentración
Contenido nuevo y complejo Corrección de test
Comprensión de apartados difíciles Revisión de errores
Memorización que exige mucha atención Organización de materiales
Ejercicios especialmente exigentes Repasos breves ya planificados

No hace falta rellenar las dos columnas todos los días. Si has cumplido tus objetivos y el descanso te permite volver al día siguiente en mejores condiciones, terminar la jornada también es una opción razonable.

Los test sirven para algo más que hacer simulacros

Hay una diferencia útil entre hacer un simulacro de examen y utilizar preguntas para aprender.

Un simulacro intenta reproducir las condiciones de la prueba y sirve para comprobar tu nivel. En cambio, unas preguntas de repaso pueden utilizarse durante la preparación para obligarte a recuperar información de la memoria.

La investigación sobre practice testing indica que esta recuperación puede favorecer el aprendizaje frente a limitarse a volver a estudiar el material. También señala que el feedback importa: después de responder conviene comprobar la solución y entender el error.

Por tanto, no hace falta esperar a la recta final para utilizar preguntas como herramienta de estudio, siempre que dispongas de material fiable y adecuado al programa de tu convocatoria.

Las horas también dependen del tipo de examen

Dos opositores pueden dedicar las mismas horas y necesitar una organización completamente distinta.

Un examen tipo test permite dedicar una parte importante de la preparación a preguntas, corrección de errores y repasos. Una prueba de desarrollo exige además trabajar la estructura de las respuestas, la capacidad de recordar el contenido sin apoyo y la escritura dentro del tiempo disponible.

Si tu proceso selectivo incluye este segundo tipo de ejercicio, puedes consultar nuestra guía sobre cómo preparar un tema de desarrollo para una oposición.

Por eso las bases de la convocatoria importan tanto a la hora de calcular tu carga de estudio. El número de temas, por sí solo, tampoco permite comparar bien dos oposiciones: hay que saber qué ejercicios tendrás que superar y cómo se califican.

¿Es mejor estudiar seis días y descansar uno?

Tampoco existe una distribución semanal válida para todos.

Puedes encontrar preparadores que recomiendan estudiar seis días y otros horarios que dejan libre el fin de semana. Ninguna de esas distribuciones demuestra por sí misma que estés estudiando bien o mal.

Lo que sí tiene respaldo en la investigación sobre aprendizaje es distribuir el estudio a lo largo del tiempo. La práctica distribuida ha mostrado ventajas para la retención a largo plazo frente a concentrar las oportunidades de aprendizaje muy juntas.

Esto no significa que exista un calendario obligatorio de lunes a sábado. Significa que conviene evitar depender de grandes atracones puntuales de estudio y trabajar con una planificación continuada.

Un ejemplo de jornada de cinco horas

Una jornada de cinco horas puede organizarse de muchas maneras. Por ejemplo:

Primer bloque: contenido nuevo o la tarea que más concentración exige.

Segundo bloque: continuación del contenido y recuperación de materias anteriores.

Tercer bloque: ejercicios, preguntas o trabajo práctico relacionado con el examen.

Los descansos pueden colocarse entre bloques según tu capacidad de concentración. No hace falta adoptar un intervalo universal de 25, 50 o 60 minutos: ajusta la duración y comprueba si realmente vuelves al estudio con atención.

Al final de la jornada dedica unos minutos a registrar qué has hecho y qué queda pendiente. Así tendrás datos para decidir si cinco horas te están funcionando.

Señales de que quizá necesitas cambiar tu planificación

Añadir tiempo puede tener sentido cuando detectas durante varias semanas que:

  • no llegas a los objetivos razonables que habías planificado;
  • el ritmo actual no te permitiría cubrir adecuadamente el programa;
  • tus resultados en preguntas o ejercicios están estancados;
  • tienes horas disponibles y puedes ampliar el estudio sin convertirlas en tiempo improductivo.

La solución tampoco tiene por qué ser siempre estudiar más. A veces habrá que cambiar la forma de repasar, introducir más práctica, reorganizar los temas o reducir distracciones.

Señales de que añadir horas puede no ser la prioridad

Si avanzas según lo previsto, recuerdas lo trabajado anteriormente y tus resultados mejoran, el hecho de que otra persona estudie ocho horas no convierte automáticamente tus cinco en insuficientes.

Comparar horas tiene además un problema: desconoces qué incluye cada persona cuando dice que «estudia ocho horas». Puede estar hablando de tiempo efectivo o simplemente del periodo que pasa en la biblioteca.

Tus resultados son una referencia bastante más útil.

Entonces, ¿cuántas horas deberías estudiar?

Empieza por las horas que puedas mantener con regularidad y mide qué consigues con ellas.

Después revisa cada semana cuatro cosas:

  1. cuánto temario has avanzado;
  2. cuánto recuerdas de lo anterior;
  3. cómo evolucionan tus resultados en test o ejercicios;
  4. si el ritmo previsto te permite llegar preparado al examen.

Si los datos indican que vas demasiado lento y tienes margen, amplía progresivamente el tiempo o reorganiza el método. Si avanzas bien, no necesitas añadir tardes enteras solo para alcanzar una cifra que otra persona considera correcta.

En una oposición cuentan las horas, claro, porque aprender un programa amplio exige tiempo. Pero la cifra diaria solo adquiere sentido cuando la relacionas con lo que tienes que estudiar, el tiempo que te queda y lo que realmente consigues durante esas horas.

Y hay una referencia que está por encima de cualquier horario genérico: revisa siempre las bases de tu convocatoria para conocer exactamente el programa, los ejercicios y las condiciones de las pruebas que tendrás que preparar.